¿Se puede recorrer Cinque Terre en un día?
Hay quienes dicen que en un día puedes recorrer todos los pueblos de Cinque Terre.
Y sí, técnicamente se puede… pero ¿realmente los vives?
El segundo día en esta bella región del norte de Italia decidimos tomarnos las cosas con calma.
Queríamos disfrutar, respirar cada rincón, absorber esa belleza única que tiene Liguria y, sobre todo, dejar que el tiempo pasara despacio.
🌊 Manarola: azul intenso y alegría infantil
Ese día comenzamos en Manarola, uno de los pueblos más pintorescos y —para mí— uno de los más especiales.
El sol brillaba, el cielo estaba despejado y el mar tenía ese azul profundo que hipnotiza.
Y como buena amante del mar, no lo pensé dos veces: me lancé al agua.
Nunca es tarde para volver a ser niña, para nadar, reír y sentirse viva.
💬 Dato curioso: Cinque Terre inspiró la película animada Luca.
No podía dejar de repetir “Silenzio, Bruno!” con la emoción de una niña.
Luego subimos por las colinas, cámara en mano, para tomar algunas de las mejores fotos del viaje.
Manarola desde arriba es pura poesía: casas de colores sobre la roca, barcos meciéndose y la luz dorada del Mediterráneo bañándolo todo.
Por supuesto, hubo gelato (¿cómo resistirse?) y un almuerzo frente al puerto que fue puro placer.

📸 Riomaggiore: encanto escondido y un detalle inesperado
Después de Manarola, nos dirigimos a Riomaggiore, el último de los cinco pueblos que nos quedaba por descubrir.
Es bonito, sí, pero su energía era distinta: más cerrada, más silenciosa.
Por alguna razón —que aún desconozco— el aire tenía un olor fuerte, como a agua estancada, que no ayudaba a disfrutarlo del todo.
Aun así, lo recorrimos con curiosidad, tomamos fotos y lo sumamos a nuestra lista de experiencias.
Cada pueblo tiene su encanto, aunque no todos se sienten igual.
Y eso también es parte del viaje.

🍹 Un aperitivo frente al mar (y otro chapuzón más)
Para cerrar el día, decidimos volver a nuestro favorito: Monterosso al Mare.
Su playa nos llamaba, y la idea de ver el atardecer allí era irresistible.
Nos refrescamos con un Aperol Spritz bien frío —una bebida que tienes que probar si visitas Italia— y dejamos que el sol se escondiera frente al mar.
Y sí… me metí al agua otra vez.
Porque cuando algo te hace feliz, hay que repetirlo.
Una postal que guardaré siempre
Al final del día, caminamos por calles perfumadas a pescado frito y limones.
El momento más especial no fue en un mirador ni en un restaurante:
fue en un banco cualquiera, sentadas mi madre y yo, compartiendo un helado bajo el sol de la tarde.
Nos miramos, respiramos y simplemente estábamos.
Juntas. Tranquilas. En Italia.
En ese lugar que alguna vez fue solo una postal soñada.
Y ahí estábamos, viviéndolo.
💛 Gratitud, herencia y caminos valientes
A veces, al mirar atrás, solo siento gratitud.
Gratitud por mi madre, por su valentía, por haber elegido lo desconocido.
Ese momento en Italia no fue solo un descanso o una foto bonita.
Fue un premio silencioso de la vida.
Un recordatorio de que sí llegamos, de que los sueños, cuando se caminan con amor y esfuerzo, se vuelven reales.
Y por eso escribo.
Para recordarlo.
Para agradecerlo.
Y para invitarte a ti a que también te lances al agua —literal o metafóricamente.
Porque nunca es tarde para disfrutar como niña,
para volver a lo simple,
para encontrar belleza en lo cotidiano
y para decir: gracias, vida.
¿Quieres saber cómo sigue este viaje?
Sigue leyendo este blog viajero, porque la aventura en Italia continúa.
En el próximo post te llevaré a nuevos rincones del norte de Italia, con más paisajes, sabores y momentos que inspiran a vivir los tuyos.
Gracias por acompañarme.
Nos vemos en la siguiente parada. 🇮🇹✨💛
