Cómo medir tu progreso al emprender (y disfrutar el camino)
Cuando decidimos emprender un proyecto o empezar un negocio, casi siempre hay razones importantes detrás: libertad financiera, independencia, reconocimiento o validación.
Pero si miramos más profundo, todas esas metas tienen algo en común:
👉 creemos que al alcanzarlas seremos más felices.
Y aquí viene una pregunta clave:
si lo que realmente buscas es bienestar, ¿no tendría sentido que el camino hacia ese objetivo también se sintiera bien?
El error de perseguir la meta sin disfrutar el proceso
Muchas veces nos comportamos como ese viajero que va rumbo a su destino soñado… y se olvida de mirar por la ventana.
Nos enfocamos tanto en llegar que:
– olvidamos disfrutar el camino
– no celebramos los logros
– y, en cuanto alcanzamos una meta, ya estamos pensando en la siguiente
Como si nunca fuera suficiente.
Como si avanzar fuera una carrera interminable.
Usa tu mente como aliada, no como tu peor crítica
Aprender a medir mi progreso de forma diferente fue un antes y un después para mí.
Nuestro cerebro es una herramienta potentísima:
– si sabemos dirigirlo, puede ayudarnos a construir una vida más satisfactoria
– si no, puede convertirse en nuestro juez más duro
Todo empieza con un cambio de perspectiva simple, pero profundo.

¿Miras hacia adelante o hacia atrás?
En cualquier proceso —un negocio, un cambio de hábitos o un proyecto personal— solemos cometer el mismo error:
❌ Miramos constantemente hacia la meta y nos frustramos por lo lejos que está.
Cuando lo que realmente deberíamos hacer es preguntarnos:
¿Dónde estaba cuando empecé?
¿Y cuánto he avanzado desde entonces?
Un ejemplo que lo explica todo
Imagina a alguien que trabaja en recepción de un hotel y sueña con convertirse en subdirector.
Tras mucho esfuerzo, lo consigue.
Su familia lo celebra.
¿Y él? Ya está pensando en cómo llegar a ser director.
No se permite disfrutar lo que ha logrado.
Siente que no es suficiente.
Y ahí está la trampa.
Cambia el foco: compárate con tu yo del pasado
Esto se volvió clave para mí.
Si me comparo con la “Yo del futuro” que ya lo ha conseguido todo, me frustro.
Pero si me comparo con la Yo que no se atrevía a escribir un blog, que dudaba de si tenía algo que aportar… puedo ver lo lejos que he llegado.
Hoy escribí una entrada más.
Hoy me atreví.
Hoy avancé.
Y eso, aunque parezca pequeño, es enorme.
Celebra tus pequeños logros (de verdad)
No compares tu presente con tu futuro ideal.
Compáralo con tu pasado.
Celebra tus avances, aunque sean tímidos.
No te castigues por no estar “más adelante”.
Si hiciste tu primera venta, no te enfoques en que “solo fue una”.
Celebra que te atreviste.
Que creaste algo desde cero.
Que diste un paso hacia lo que sueñas.

Reflexión final: el progreso también se siente
Si algo me gustaría que te llevaras de esta lectura es esto:
👉 Son los pequeños cambios de mentalidad los que hacen toda la diferencia.
Gracias por leerme, por estar del otro lado de la pantalla y por caminar conmigo en este proceso de crear, crecer y confiar.
